"LA TOLERANCIA TIENE UN LÍMITE, DONDE DEJA DE SER VIRTUD"
Mientras que nuestra ya vulnerada cotidianidad ha sido asaltada por: operativos, balaceras, cristalazos, robos, levantones, secuestros y crímenes arteros; el gobierno quiere convencernos de una recuperada seguridad ¡Que no existe!
Pero más allá de algún suceso en específico, parece prudente analizar a fondo el problema de la inseguridad en Aguascalientes; definiéndola por principio, como cualquier acto delictivo que pone en riesgo bienes, integridad física y, en muchos casos, la vida.
Inseguridad que percibimos como el peligro latente, la amenaza constante, el riesgo in-calculado o la desgracia cercana; sentimientos todos que producen miedo, mucho miedo, por no decir terror.
Sí, terror de que puedan lastimar a nuestros seres queridos, pánico de salir a la calle, horror de oír una nueva noticia que ¡ Ojalá y no nos pegue!
Y en tanto nosotros buscamos nuevas rutas para ir al trabajo o a la escuela, horarios alternos para realizar actividades comerciales o cambiamos vehículo con el vecino, para no delatar nuestras costumbres a quienes nos acechan, ¿qué hace el gobierno?
Pues en el mejor de los casos, enfrentar al delito en una total desigualdad, con escasos logros y cuantiosas bajas. Pero en una constante de error, ya que a los problemas no sólo hay que atacarlos de frente, sino de origen; y sin soslayar, como es el caso, la infinidad de causas, tanto sociales como económicas, que hoy nos tienen contra la pared, debido a la irresponsabilidad de las autoridades y la indiferencia de la sociedad.
Porque habrá que ver dónde están los programas de prevención del delito; o será posible la inexistencia de sistemas de inteligencia que detectaran el crecimiento del narcotráfico en la entidad; o lo que es peor: ¡Se vendió la plaza!
Mientras todos confiábamos en que en Aguascalientes nunca pasaba nada y permitimos una serie de circunstancias que en estos momentos nos obligan a pensar ¿Adónde quedó "la Suiza de América"? ¿Cómo, cuándo y porqué cambió Aguascalientes?
Cuestionamientos que nadie se ha detenido a analizar, menos aún a responder; y que hoy se acumulan a un ¿Qué vamos hacer?
Así las cosas, y atendiendo al llamado de quienes ahora sí nos quieren co-responsables de un asunto que se les salió de las manos; nos atrevemos a proponer:
1.-Seguir haciendo frente a la delincuencia, pero atendiendo paralelamente causas y efectos.
2.-Activar los más estrictos controles internos para extinguir: incapacidad, delincuencia y corrupción tanto dentro de las corporaciones policíacas, como de las instancias de procuración de justicia.
3.-Exigir a los Cabildos y al Congreso local, el seguimiento estricto y oportuno de todos y cada uno de los casos que en este sentido se presenten en el Estado. Y enterar de los resultados, cualesquiera que sean, a la ciudadanía .
4.-Capacitar a la comunidad para actuar adecuadamente en caso de ser víctimas de un atentado o simplemente partícipes de un evento relacionado con seguridad pública.
5.-Solidarizarnos organizadamente, y
6.-Fijarnos por quién votamos.
Conscientes de que quizás este último punto sea lo único que esté bajo nuestro control, ya que el gobierno y nuestra conformidad se han encargado de mantenernos al margen de toda participación verdaderamente activa en la vida pública .
Pero como en cuestión de elecciones, ya nos necesitan por lo menos para legitimar sus decisiones, debemos exigir EXPEDIENTES BLANCOS de sus candidatos. Puesto que la laxitud de la conducta requerida ha sido tal, que hoy estamos pagando las consecuencias. Porque lamentablemente la inseguridad en el país y el estado tienen culpables con nombre y apellido, a quienes permitimos llegar, pero como decía mi abuelita: la tolerancia tiene un límite donde deja de ser virtud.



